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Marketing·13 mar 2026·3 min de lectura

Red Bull es una empresa de medios que también vende bebidas

Red Bull casi no anuncia su producto. En vez de eso, produce documentales, organiza carreras y manda a un hombre a saltar desde la estratósfera. Así se construye una audiencia antes de venderle.

En 2012, un austriaco llamado Felix Baumgartner subió en un globo hasta el borde del espacio, abrió la puerta de su cápsula y se dejó caer. Cayó más de 38 kilómetros, rompió la velocidad del sonido con su propio cuerpo y aterrizó de pie en el desierto de Nuevo México. Millones de personas lo vieron en vivo. El logo en su traje y en la cápsula decía Red Bull. No había una sola lata de bebida energética en pantalla. Y aun así, fue uno de los mejores anuncios de la historia.

Una empresa de medios disfrazada de bebida

La mayoría de las marcas piensa así: tengo un producto, hago un anuncio, lo pongo donde está mi cliente. Red Bull le dio la vuelta a esa lógica. Primero construye contenido que la gente quiere ver por gusto propio (videos de deportes extremos, música, aventuras, ciencia), junta una audiencia gigante alrededor de ese contenido, y solo después le vende la bebida.

De hecho la empresa tiene una división, Red Bull Media House, que produce documentales, revistas, series y transmisiones como si fuera un canal de televisión. La bebida financia los medios, y los medios venden la bebida. Es un círculo donde el producto casi nunca es el protagonista.

No vendas el taladro ni el agujero. Vende la sensación de poder hacer cosas tú mismo, y luego ten el taladro a la mano.

Por qué funciona patrocinar emociones y no productos

Cuando ves a un ciclista bajando una montaña imposible, o a un piloto haciendo acrobacias, sientes adrenalina, asombro, ganas de vivir más intensamente. Red Bull asocia esas emociones con su marca una y otra vez, durante años. El día que estás cansado en una gasolinera y ves una lata, tu cerebro ya tiene una conexión hecha: energía, intensidad, hacer cosas. No tuvieron que decirte nada en ese momento. El trabajo se hizo antes.

Lo interesante es lo que NO hacen. No interrumpen con anuncios molestos. No te explican los ingredientes. No prometen un descuento. Apuestan a que si te entretienen lo suficiente, tú mismo vas a querer pertenecer a ese mundo.

Qué puedes robarte de esto sin saltar de la estratósfera

No necesitas un globo espacial ni un presupuesto de millones. La idea de fondo es barata y vieja: gánate la atención de la gente dándole algo de valor antes de pedirle dinero. Un negocio pequeño puede hacer su propia versión de esto todos los días.

  • Crea contenido útil sobre tu tema, no sobre tu producto. Un dentista que explica cómo cuidar los dientes de los niños gana confianza antes de que alguien pida cita.
  • Documenta, no solo promociones. Muestra el detrás de cámaras, los antes y después, las historias de tus clientes reales.
  • Construye audiencia primero, vende después. Una lista de gente que te sigue por gusto vale más que mil anuncios fríos.
  • Sé consistente durante meses, no días. La asociación entre tu marca y una emoción se construye con repetición, igual que Red Bull lo hizo por décadas.
  • Asóciate con lo que tu cliente ama, aunque no sea tu producto. Patrocina el torneo del barrio, la feria local, al creador que tu público sigue.

La lección

Red Bull entendió antes que casi todos que en un mundo lleno de anuncios, la atención es lo escaso, no el producto. Quien logra que la gente quiera verlo gratis, ya ganó la mitad de la venta. Tu negocio probablemente no va a mandar a nadie al espacio, pero sí puede decidir ser interesante antes de ser insistente.

Y al final, todo se reduce a lo mismo que mueve cualquier negocio: ganarte la atención de la gente y estar ahí, listo, cuando por fin decidan comprar.

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