Canibaliza tu propio producto antes de que lo haga otro
Apple lanzó un teléfono que volvió viejo a su propio iPod, y Netflix mató su negocio de DVD para empujar el streaming. Da miedo competir contra ti mismo, pero da más miedo que lo haga la competencia.
Imagina que vendes el producto más exitoso de tu historia. La gente hace fila por él, te deja buen margen y todos en tu equipo lo defienden. Ahora imagina que tú mismo lanzas algo que lo deja obsoleto de la noche a la mañana. Suena a locura, casi a sabotaje. Pero esa locura es exactamente lo que han hecho las empresas que siguen vivas décadas después, mientras otras que se aferraron a su gallina de los huevos de oro terminaron en los libros de historia.
El iPhone se comió al iPod
A mediados de los años dos mil, el iPod era el rey absoluto de Apple. Se vendían por decenas de millones al año y eran el corazón del negocio. Cualquier directivo prudente habría protegido ese producto a toda costa. En 2007, Apple presentó el iPhone, un teléfono que, entre muchas otras cosas, reproducía música. En otras palabras, traía un iPod adentro.
El cálculo de Apple fue brutal y simple: si nosotros no construimos el aparato que reemplaza al iPod, alguien más lo va a hacer. Y preferían quedarse ellos con la venta del nuevo producto que regalársela a un rival. El iPhone canibalizó al iPod, sí, pero a cambio Apple se convirtió en una de las empresas más valiosas del planeta. El iPod fue desapareciendo poco a poco, y a nadie le importó, porque su sucesor era de la misma casa.
Si tú no haces obsoleto tu producto, el mercado lo hará por ti, y no te avisará con tiempo.
Netflix mató su propio negocio rentable
Netflix nació enviando DVDs por correo. Era un negocio que funcionaba: suscriptores contentos, ingresos estables, sin grandes sorpresas. Pero internet empezaba a permitir ver video sin descargar nada, y la dirección entendió que el correo postal tenía los días contados.
En lugar de exprimir el negocio de los DVDs hasta el final, Netflix empezó a empujar el streaming, aun sabiendo que eso canibalizaría su propia fuente de ingresos. Fue una transición incómoda y hasta torpe en algún momento, pero les permitió liderar la era del video por internet en vez de quedarse como la empresa que mandaba discos cuando ya nadie los quería. Blockbuster, su gran rival de la época, hizo lo contrario: defendió su modelo de tiendas físicas hasta desaparecer.
Por qué cuesta tanto hacerlo
Canibalizar tu propio producto va contra todos tus instintos. Estás renunciando a ventas seguras hoy por una apuesta incierta mañana. El equipo que vive del producto viejo se resiste, los números a corto plazo se ven peor, y siempre hay alguien que dirá: para qué tocar lo que funciona.
El problema es que esperar a que las ventas caigan para reaccionar casi siempre es tarde. Para cuando el declive es evidente en los números, el competidor que sí se atrevió ya te lleva años de ventaja. Las señales de que vale la pena moverte suelen ser estas:
- Existe una tecnología o forma de trabajar más cómoda para el cliente, aunque hoy parezca inmadura.
- Tu producto estrella defiende un margen alto más por costumbre que por valor real.
- Algún competidor pequeño está experimentando con el modelo que tú descartaste por miedo.
- Tus mejores clientes empiezan a pedir algo que tu producto actual no puede dar.
- Te sorprendes diciendo "eso nunca va a pegar" sobre una tendencia que ya crece.
La lección para tu negocio
No hace falta ser Apple ni Netflix para aplicar esto. Si tienes un servicio que te da de comer, pregúntate qué versión nueva de ese servicio te quitaría clientes, y plantéate construirla tú primero. La barbería que vivía de cortes a domicilio quizás necesite abrir local; el restaurante que solo atendía en mesa quizás deba lanzar su propio servicio a domicilio antes de que una app se quede con esa venta. Mejor que el cliente cambie de tu mano izquierda a tu mano derecha, y no a las de un desconocido.
Canibalizar no es destruir lo que tienes por capricho. Es decidir, con la cabeza fría, quién se queda con tu próximo cliente: tú o tu competencia. Y eso, más que cualquier producto, es lo que mantiene un negocio vivo a largo plazo.
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