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Mientras casi toda la industria pelea por vender más unidades, Ferrari hace lo contrario a propósito. Y le va increíblemente bien por eso.

Casi cualquier producto pierde valor al salir de la tienda. Un Rolex muchas veces hace lo contrario. Te cuento cómo se construye una marca así.

Disney no compró tres estudios de cine. Compró tres universos enteros que podía revender en pantallas, juguetes y parques durante décadas. Esa es la jugada.

Cómo una tienda sueca convirtió el ahorro en transporte, el trabajo del cliente y un recorrido obligado en uno de los negocios de muebles más grandes del mundo.

Mientras la industria diseñaba con un año de anticipación, Zara aprendió a reponer en dos semanas. Esa diferencia de velocidad cambió las reglas del juego.

Una fábrica japonesa de la posguerra, sin dinero ni espacio, inventó una forma de producir que terminó copiando medio mundo. La clave fue contraintuitiva: tener menos.

Ford no inventó el carro ni la cadena de montaje, pero hizo algo más raro: bajó el precio del producto y, al mismo tiempo, subió el sueldo de quien lo fabricaba. Esta es la historia de cómo creó a sus propios clientes.

Cómo una empresa de concreto de Monterrey aprendió a entregar como pizzería y terminó pensando como compañía de tecnología.

Una cerveza clara y ligera en botella transparente conquistó el planeta vendiendo algo que no estaba en la receta: la sensación de estar en la playa con tiempo de sobra.

OXXO tiene más de 20 mil tiendas en México y no para de crecer. Su secreto no es vender más barato, es estar más cerca. Aquí va la lección de crecer por cobertura.

Todos creen que Walmart gana por vender barato. La verdad es al revés: vende barato porque mueve mercancía mejor que nadie. El precio es la consecuencia, no la causa.

Red Bull casi no anuncia su producto. En vez de eso, produce documentales, organiza carreras y manda a un hombre a saltar desde la estratósfera. Así se construye una audiencia antes de venderle.

Vender barato el aparato y caro el repuesto convirtió a King Gillette en leyenda. El truco sigue vivo en tu impresora, tu consola y tu cafetera.

Pasamos del disco que comprabas una vez al catálogo entero por una mensualidad. Esa historia esconde una lección de negocio que aplica mucho más allá de la música.
